Sobre la Ética de Baruch Spinoza

Ética demostrada según el orden geométrico, es el trabajo más importante, ambicioso y multifacético de Spinoza. Ambicioso, pues encara una fuerte crítica de las concepciones filosóficas más tradicionales: Dios, el hombre y el universo. Y también porque con su método pretende demostrar la verdad de Dios, la naturaleza, el hombre, la religión y el buen vivir. Lo presenta matemáticamente, con definiciones, axiomas, corolarios y escolios.

Ética, es de amplia influencia en áreas como teología, antropología, ontología y metafísica. Le ha dado este nombre, pues postula que la ontología es vista como un modo de desmitificar el mundo, permitiéndole al hombre vivir de acuerdo a la razón. Y como enseña Deleuze: “…lo intitula Ética. Lo cual es una manera de decir que «cualquiera se la importancia de mis preposiciones especulativas, ustedes no podrán juzgarlas más que al nivel de la ética que envuelven o implican».1

La Ética de Spinoza: Dios o Naturaleza

«Por Dios entiendo a un ser absolutamente infinito, esto es, una substancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.»1

La ontología de Spinoza postula que Dios es infinito, existe necesariamente, es decir, por sí mismo, es la substancia única del universo. Sólo hay una substancia en el universo es Dios, y todo está en Dios.

Lo siguiente, es una recorrido por sus proposiciones más importantes. 3

Proposición I : Una substancia es anterior por su naturaleza a sus afecciones.

Proposición II: Dos substancias que tienen atributos distintos no tienen nada en común entre sí.

Proposición III: No puede una cosa ser causa de otra, si entre sí nada tienen en común.

Proposición IV: Dos o más cosas distintas se distinguen entre sí por la diversidad de los atributos (naturalezas o esencias) de las substancias o por la diversidad de las afecciones mismas (sus propiedades accidentales).

Proposición V: En el orden de la naturaleza no pueden darse dos o más substancias de la misma naturaleza, osea, con el mismo atributo.

Proposición VI: Una substancia no puede ser producida por otra substancia.

Proposición VII: A la naturaleza de una substancia le pertenece el existir.

Proposición VIII: Una substancia es necesariamente infinita.

Proposición IX: Cuanto más realidad o ser tiene una cosa, tantos más atributos le competen.

Proposición X: Cada atributo de la misma substancia debe concebirse por sí mismo.

Proposición XI: Dios, osea, una substancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita, existe necesariamente.

Proposición XII: No puede verdaderamente concebirse ningún atributo de una substancia del que se siga que esa substancia puede ser dividida.

Proposición XIII: Una substancia absolutamente infinita es indivisible.

Proposición XIV: No puede darse ni concebirse substancia alguna excepto Dios.

Esto demuestra que Dios es infinito, necesario y sin causa.

Spinoza procede en tres sencillos pasos, en primer lugar afirma que dos substancias pueden compartir un atributo o esencia. Luego demuestra que es una substancia con infinitos atributos; y opone la existencia de esta infinita substancia a la existencia de cualquier otra, con esto abre la posibilidad de que hubiere una segunda substancia; pero puesto que Dios tiene todos los atributos posibles, no puede ser, además de Dios, ninguna otra substancia.

Al ser Dios la única substancia, todo lo demás existe en Dios. Por lo cual, todos los atributos son modos de ser de esa substancia.

¿Cuáles son las consecuencias de esta concepción de Dios? Dios es visto por Spinoza, como un Dios inmanente, ingénito, propio; una causa universal que asegura la continuidad de todo lo que existe. Esto constituye una clara ruptura con el Dios de la Revelación, presentado como una causa trascendente en el mundo, un Dios creacionista en la tradición judeo-cristiana; mientras que para Spinoza, el mundo existe necesariamente porque la substancia divina tiene el atributo de la existencia.

Proposición XXIX: En la naturaleza no hay nada contingente, sino que, en virtud de la necesidad de la naturaleza divina, todo está determinado a existir y obrar de cierto modo.

Sin embargo, está el problema sobre las diferencias respecto a cómo dependen las cosas de Dios. en este punto nos encontramos por un lado con el “modo infinito”, que incluye las leyes de la física, las verdades de la geometría, y las leyes de la lógica; y por otro está “el modo finito”, ligado a las cosas individuales y particulares, que están casualmente más distantes de Dios.

Se podría resumir la metafísica spinoziana respecto a Dios en una frase: “Dios o Naturaleza”, que en latín sería “Deus, sive Natura”. Para Spinoza la naturaleza tiene dos partes: una activa y otra pasiva; la primera ligada a Dios y sus atributos, de lo cual sigue todo lo demás, o sea, Natura natura -naturaleza naturalizante-. La segunda alude a todo aquello que es asignado por Dios y sus atributos, esta es Naturata Natura -naturaleza naturalizada-.

Aquí ya es posible comprender que la idea fundamental de Spinoza en el primera parte de la “Ética”, es que la naturaleza es un todo indivisible, sin causa, y substancial; fuera de ella no hay nada, y todo lo que existe es una parte de la naturaleza. Spinoza llama Dios a esta naturaleza única, unificada y necesaria. Debido a esta necesidad inherente de la naturaleza se llega a que no hay teleología en el universo, pues nada debe terminar; pues el orden de las cosas es simplemente seguir a Dios con un determinismo implacable. Todo lo debatido respecto a los planes, intenciones u objetivos de Dios, no son más que ficciones antropomórficas.

La “Ética” de Spinoza: el hombre

En la segunda parte de su Ética, Spinoza se vuelve hacia el origen y naturaleza de los seres humanos. A esta altura ya debe saberse que dos de los atributos de Dios son la extensión y el pensamiento.

También plantea que decir que Dios es ciertamente materia, no implica que tenga un cuerpo. De hecho, Dios no es lo material en sí, sino una extensión de su esencia; es más, ambos sistemas son de dos especies distintas, al punto de no tener nada en común. En una el modo de su extensión serán los órganos físicos, mientras que los modos del pensamiento son las ideas.

Debido a que la extensión y el pensamiento no tienen nada en común, ambos reinos, el de la materia y el de la mente, se entienden como sistemas cerrados y heterogéneos.

Uno de los problemas más acuciantes de la filosofía del siglo XVII, y tal vez el legado de mayor repercusión, del dualismo cartesiano, es el problema de la relación entre dos substancias radicalmente diferentes, tales como mente y cuerpo, específicamente su unión e interacción. Pero Spinoza niega que el ser humano sea una unión de dos substancias; para él, la mente y el cuerpo humano son expresiones de una sola cosa: la persona.

La sustancia es la persona; la única sustancia según Spinoza, es Dios, entonces nosotros no somos sustancia, sino modos de ser de la sustancia.

Dirá Deleuze: “Soy dos por los atributos que implico, soy uno por la sustancia que me envuelve. [...] De modo que el alma y el cuerpo, son una única y misma cosa. No son sustancia. son una única y misma manera o modificación relacionada a dos atributos distintos, que entonces aparece y es cuerpo en el atributo extensión y alma en el atributo pensamiento. ¡Qué curiosa visión! Eso suprime entonces todo privilegio posible del alma sobre el cuerpo y viceversa”.4

De aquí, que al no haber posibilidad alguna de interacción entre la mente y el cuerpo, el problema mente-cuerpo (cuerpo/mente), no tiene lugar en Spinoza.

 

La Ética de Spinoza: Conocimiento

Spinoza se abocó a un análisis detallado de la composición del ser humano, porque su objetivo apuntaba a demostrar cómo éste es parte de la naturaleza, a diferencia de aquellos que pensaban al hombre ubicado en alguna jerarquía de un imperio.

Nos dirá que la mente humana, como Dios, tiene ideas; lo cual tiene serias implicancias éticas. En primer lugar, implica que los seres humanos no tenemos libertad. Debido a que nuestras mentes y eventos en ella, son las ideas que existen en la serie causal de las ideas que fluyen de Dios, nuestras acciones y voluntades están necesariamente determinadas, al igual que otros eventos naturales.

Proposición XLVIII: No hay en el alma ninguna voluntad absoluta o libre, sino que el alma es determinada a querer esto o aquello por una causa, que también es determinada por otra, y ésta a su vez por otra, y así hasta el infinito.

Según Spinoza, la naturaleza es siempre la misma, y su potencia también es la misma en todas partes; en este sentido, nuestros deseso, orgullo, sentimientos: amor, odio, e ira también se rigen por la misma necesidad.

Postula que nuestros afectos están divididos en acciones y pasiones. Habla de una acción, cuando la causa de un evento radica en nuestra propia naturaleza, específicamente, en nuestro conocimiento o ideas adecuadas. Mientras que se trata de pasiones cuando algo sucede, pero la causa es insuficiente, cuando está fuera de nuestra naturaleza, dejándonos en una mera actitud pasiva.

A medida que el Espíritu actúa o padece, Spinoza dirá que la mente aumenta o disminuye su capacidad de ser. Y llamará conatus, a una especie de inercia existencial; captando en este concepto nuestra tendencia a perseverar en el ser.

Según Spinoza, la libertad consiste en rechazar las pasiones tristes, esas que nos convierten en pasivos, para el beneficio de las pasiones alegres, que nos hacen activos y en consecuencia autónomos.

Las pasiones son buenas en relación con el conocimiento, que es la cantidad de ideas adecuadas almacenadas por el hombre.

El ser humano debe liberarse de las dependencias a los sentidos e imaginación, también de aquello que lo afecta, basándose tanto como sea posible en sus facultades racionales.

Spinoza sostiene que la alegría aumenta nuestra capacidad de actuar; y además que todas las emociones humanas, en la medida en que son pasiones, se dirigen  hacia el exterior. Por lo cual, buscaríamos o evitaríamos algunas cosas en detrimento de otras, a las cuales pudiésemos atribuirle la causa de la alegría o la tristeza despertadas por nuestras pasiones y deseos.

 

La Ética de Spinoza: virtud y felicidad

En Spinoza, la virtud es el camino hacia la felicidad, en efecto, la virtud consiste en vivir de acuerdo con el entendimiento, cuyo objetivo es aumentar nuestro conocimiento y comprensión de la naturaleza. De aquí se sigue, que la mente vive de acuerdo con el conatus y en búsqueda de lo que es bueno para nosotros.

El tercer género del conocimiento se refiere al conocimiento de la esencia de las cosas, no en su dimensión temporal, pero sí bajo un aspecto de eternidad.

En última instancia, el propósito del hombre es el conocimiento de Dios, que conduce a la felicidad.

La teoría spinoziana no excluye semejanzas con el estoicismo, que afirma que los acontecimientos mundiales se nos escapan y que sólo nuestro parecer respecto a la muerte nos puede liberar de la tristeza.

Por último, para Spinoza, el hombre sabio es libre y autónomo, pues acompaña en armonía a la naturaleza y en ella, con lo cual su conocimiento se acerca más a Dios.

 

 

1 B. Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico, Madrid,Orbis Hispamerica 1980, Traducción de Vidal Peña, p. 30.

2 G. Deleuze, En medio de Spinoza, Buenos Aires, 2011, Cactus, p. 28.

3 B. Spinoza op. cit. p. 31-40; 50.

4 G.Deleuze, op.cit., p. 48.

 

Tags: , , , , , , , , , , , , ,

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*